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El empleado no aceptaba el sonido de la voz de la mujer como prueba de que estaba viva así que la pidió que consiguiera una 'certificado de vida'.
La perpleja Kruse tuvo que acudir a las autoridades municipales en su ciudad, Barsinghausen, cerca de Hannover (norte de Alemania) para tramitar el documento necesario, que le costó 4,80 euros.
El certificado probaba que Kruse estaba viva y en plenas condiciones para presentar sus papeles de identificación.
Thomas Lieth, el jefe del fondo Bundesknappschaft, dijo que Kruse había sido confundida con otro cliente que había muerto, pero defendió la decisión de pedir pruebas que certificaran que estaba viva.
'Cuando alguien nos llama, no es suficiente como prueba de vida', dijo Lieth, añadiendo que el fondo se había disculpado.
Kruse no estaba impresionada. 'Cuando alguien comete un error como este, debe al menos ofrecer un ramo de flores', dijo ella.